Ando preocupado porque algunos de los movimientos de transformación organizacional que sigo, reconozco y respeto, plantean, como uno de los ejes basales de esa transformación, el considerar a la persona como punto de partida.Digo que ando preocupado, porque el nivel de desarrollo de la conciencia que hay detrás de considerar a la persona como centro, limita profundamente una verdadera transformación.
Como ya he escrito en diferentes ocasiones, persona es máscara, es introyecto, es coraza, es carácter secuestrado, es mecanismo de defensa, es compulsión de repetición inducida…
Ninguna libertad profunda, ninguna transformación esencial, ninguna liberación del ser, ninguna búsqueda ontológica se producirá si nos limitamos a la dimensión persona.
Un persona solo es la concreción adaptativo-defensiva de un ser humano pleno de potencialidades, amputado y castrado por la neurosis adaptativa que ha tenido que construir para sobrevivir.
Sólo des-construyendo esa dimensión impuesta, esa coraza neurótica que nos ayudó a sobrevivir de pequeños y que nos está robando nuestra autenticidad y nuestra libertad en la adultez, sólo vomitándola y reapropiándonos de nuestras potencialidades, podremos generar auto-transformaciones que engendren transformaciones organizacionales.
Para ello, el proceso más integral, más profundo y más efectivo que conozco, es el programa S.A.T. de Claudio Naranjo.
Por eso me pregunto…
¿Para cuándo el S.A.T. en la organización?
¿Cuándo las organizaciones se van a dar cuenta de que sólo un movimiento decidido hacia la transformación del ser puede transformar la dimensión organizacional?
Os dejo con un video que explica el proyecto S.A.T. en la educación.
Espero que, más temprano que tarde, podamos ver ese desarrollo de la conciencia, ese cambio que queremos ver en el mundo, también en las organizaciones.

