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lunes, 1 de junio de 2009

La economía, la crisis y las dos vacas

Socialismo:
Tú tienes dos vacas.
El estado te obliga a darle una a tu vecino que no tiene vacas.

Comunismo:
Tú tienes dos vacas.
El estado te las quita y te da algo de leche.

Burocratismo:
Tú tienes dos vacas.
El estado te pierde una, ordeña la otra y luego tira la leche al suelo.

Capitalismo tradicional:
Tú tienes dos vacas.
Vendes una y te compras un toro.
Haces más vacas.
Vendes las vacas y ganas dinero.

Capitalismo de casino:
Tú tienes dos vacas.
Vendes tres de tus vacas a tu empresa que cotiza en bolsa mediante letras de crédito abiertas por tu cuñado en el banco. Luego ejecutas un intercambio de participación de deuda con una oferta general asociada con lo que ya tienes las cuatro vacas de vuelta, con exención de impuestos por cinco vacas. La leche que hacen tus seis vacas es transferida mediante intermediario a una empresa con sede en las Islas Caimán que vuelve a vender los derechos de las siete vacas a tu compañía. El informe anual afirma que tú tienes ocho vacas con opción a una más. Coges tus nueve vacas y las cortas en trocitos. Luego vendes a la gente tus diez vacas troceadas. Curiosamente durante todo el proceso nadie, incluido el estado, parece darse cuenta de que, en realidad, tú sólo tienes dos vacas.

Crash del 2010:
Tú tienes dos vacas.
El sistema quiebra y nadie te compra la leche.
Te quedas sin dinero para alimentar a las vacas.
El banco se queda con tus dos vacas, con tu casa, con tu granja y con la maquinaria de tu instalación agropecuaria.

Postcapitalismo:

Tú tienes dos vacas.

Ahora… (se admiten sugerencias para continuar la historia)

Os dejo con un video de gallinas, huevos y tomates...


lunes, 23 de marzo de 2009

¿Qué consecuencias implica la importancia del conocimiento como factor de competitividad?




Continuando con las 27 preguntas de una “pequeña lista”, propuesta por Borja Lastra, le toca, esta semana, a la cuarta de ellas, cuyo argumento es el expresado en título de la presente entrada.

Apenas acabo de leer la pregunta y ya me está entrando la urticaria.

Ese tándem: conocimiento/competitividad, me resuena a pasado; a parte del problema; a círculo retroalimentado insostenible; a causa basal del sinsentido, de la insania y de la neurosis que sufrimos en las organizaciones y en la vida misma.

Lo primero que se me ocurre es reformular la pregunta.

Es como si percibiera en el trasluz de esa interrogación todo un volcado de supuestos secuestradores que intentan incitarme a retorcer argumentos en la dirección equivocada. En el paradigma secuestrado. Es como si me alentaran a correr en dirección contraria a la meta. Como si ese tándem me compeliera a actuar desde los modelos mentales que mi centro liebre (mi córtex) ha venido imponiéndole a mis centros tortuga: mis emociones y mis sensaciones.

Definitivamente, me resisto.

Me niego a conocer para competir.

Competir es contender.

Contender es guerrear.

Basta ya de guerras.

Como sabiamente dijo Eudald Carbonell: “solo compiten lo incompetentes, los competentes colaboran”.

O como dicen Margulis y Sagan (citados por Fritjof Capra): “la vida no conquistó el globo con combates, sino con alianzas”.

Me niego a alimentar la competitividad con el conocimiento.

Yo estoy con Joan Martínez Alier: “no se trata de competir para crecer, lo que realmente necesitamos es un decrecimiento sostenible”.

Por tanto, mi pregunta reformulada, aquélla que alinea lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago, sería:

¿Qué consecuencias implica la importancia de la sabiduría como factor de colaboratividad?

Quizás un día de estos me anime y la responda.

Mientras tanto, os invito a hincarle el diente.

He visto que Julen retuerce argumentos desde otra mirada. Os la recomiendo vivamente (como dice David Bohm, en el fondo, lo contrario de una gran verdad es otra gran verdad).

Imagen: Pez grande come pez chico, de Alberto Valle Souto.

Como adefesio de competitividad, os dejo con el “Sueño Americano” visto por George Carlin…


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