lunes, 23 de marzo de 2009

¿Qué consecuencias implica la importancia del conocimiento como factor de competitividad?




Continuando con las 27 preguntas de una “pequeña lista”, propuesta por Borja Lastra, le toca, esta semana, a la cuarta de ellas, cuyo argumento es el expresado en título de la presente entrada.

Apenas acabo de leer la pregunta y ya me está entrando la urticaria.

Ese tándem: conocimiento/competitividad, me resuena a pasado; a parte del problema; a círculo retroalimentado insostenible; a causa basal del sinsentido, de la insania y de la neurosis que sufrimos en las organizaciones y en la vida misma.

Lo primero que se me ocurre es reformular la pregunta.

Es como si percibiera en el trasluz de esa interrogación todo un volcado de supuestos secuestradores que intentan incitarme a retorcer argumentos en la dirección equivocada. En el paradigma secuestrado. Es como si me alentaran a correr en dirección contraria a la meta. Como si ese tándem me compeliera a actuar desde los modelos mentales que mi centro liebre (mi córtex) ha venido imponiéndole a mis centros tortuga: mis emociones y mis sensaciones.

Definitivamente, me resisto.

Me niego a conocer para competir.

Competir es contender.

Contender es guerrear.

Basta ya de guerras.

Como sabiamente dijo Eudald Carbonell: “solo compiten lo incompetentes, los competentes colaboran”.

O como dicen Margulis y Sagan (citados por Fritjof Capra): “la vida no conquistó el globo con combates, sino con alianzas”.

Me niego a alimentar la competitividad con el conocimiento.

Yo estoy con Joan Martínez Alier: “no se trata de competir para crecer, lo que realmente necesitamos es un decrecimiento sostenible”.

Por tanto, mi pregunta reformulada, aquélla que alinea lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago, sería:

¿Qué consecuencias implica la importancia de la sabiduría como factor de colaboratividad?

Quizás un día de estos me anime y la responda.

Mientras tanto, os invito a hincarle el diente.

He visto que Julen retuerce argumentos desde otra mirada. Os la recomiendo vivamente (como dice David Bohm, en el fondo, lo contrario de una gran verdad es otra gran verdad).

Imagen: Pez grande come pez chico, de Alberto Valle Souto.

Como adefesio de competitividad, os dejo con el “Sueño Americano” visto por George Carlin…


5 comentarios:

Julen dijo...

Haces pensar. Gracias.
De las dos partes del binomio (conocimiento y competitividad), la primera es con la que nos hacemos personas. La segunda es la que nos hace ruido. El concepto "competitividad" nos saca a un escenario donde hay extrañas reglas que parecen requerir competencias de exclusión. No sé, hace tiempo que busqué alternativas para que la competitividad (quizá haya que buscar otra palabra) se midiera (quizá haya que tachar esta palabra) de otra forma.

Maite Darceles dijo...

Gracias por tu interesante comentario, Juan. Sin duda la palabra "competitividad" tiene un lastre muy muy pesado que causa repulsión. Pero si pensamos en la realidad del mundo del trabajo y las organizaciones, no podemos hacer como si no existiera, no podemos pasar de ella. Porque por suerte o por desgracia es aquello que hace que una Pyme de 15 personas ilusionadas en su proyecto pueda sobrevivir y/o estas personas puedan mantener sus puestos de trabajo. Sí creo que tenemos que transformar profundamente este concepto y rechazar enérgicamente la inmensa mayor parte del discurso sobre competitividad ¿Y si entendemos competitividad como el nivel de riqueza (no me refiero a la monetaria) que aporta una organización a la comunidad y a sus miembros? Por otro lado, el concepto de decrecimiento me parece sumamente interesante como alternativa a explorar para el desarrollo económico, lo recogía en mi wiki hace unos días.
La verdad es que eso de "conocer para competir" suena fatal, no me gusta nada. Me quedo con "conocer para aportar". Un saludo.

Juan Palacios dijo...

Julen y Maite, mi gratitud por vuestros certeros comentarios.

Siento que ahondan en lo no dicho y aportan valor a lo enunciado.

Versos y sonrisas para ambos.

Juan.

Nacho Muñoz dijo...

La competitividad tiene una carga peyorativa, pero entendida de forma sana supone marcar una meta y superarla.

La competetividad sana es la de la autosuperación, la de majorar el rendimiento porque así te lo exiges.

La competitividad entre varios permite que cada uno aporte su mejor versión para ser el mejor valorado por un tercero (un cliente, un licitador...).

La competetitivdad sana entre varios supone una carrera entre todos los "corredores" contra sí mismos, para dar lo mejor de sí mismos, sin utilizar estrategias de minimización del potencial de otros (esto último es importante).

El desarrollo, crecimiento y aplicación inteligente del "conocimiento" es el medio para poder superarnos, para poder ser "competitivos".

Un saludo.

Nacho Muñoz dijo...

La competitividad tiene una carga peyorativa, pero entendida de forma sana supone marcar una meta y superarla.

La competetividad sana es la de la autosuperación, la de majorar el rendimiento porque así te lo exiges.

La competitividad entre varios permite que cada uno aporte su mejor versión para ser el mejor valorado por un tercero (un cliente, un licitador...).

La competetitivdad sana entre varios supone una carrera entre todos los "corredores" contra sí mismos, para dar lo mejor de sí mismos, sin utilizar estrategias de minimización del potencial de otros (esto último es importante).

El desarrollo, crecimiento y aplicación inteligente del "conocimiento" es el medio para poder superarnos, para poder ser "competitivos".

Un saludo.

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