martes, 12 de mayo de 2009

Tu mala suerte es culpa tuya, porque el sistema es perfecto


Ayer, Lluís Amiguet, en la contra de “La Vanguardia”, entrevistó a Michela Marzano: investigadora de la pornografía, el management y el coaching en el CNRS.

Algunas de las ideas basales que subyacen en las reflexiones de Marzano, me resuenan muy cercanas a los argumentos que he planteado en cuatro post anteriores: Entre esos tipos y yo hay algo personal, Management, Recursos Humanos y Nuevo Espíritu del Capitalismo, Storytelling y crisis del capitalismo y Respuestas a la crisis del capitalismo .

Os dejo con la entrevista…

Tengo 39 años. Investigo en el Centre National de la Recherche Scientifique. Soy creyente no practicante. La pornografía y la autoayuda coinciden en servirse de la ilusión de libertad individual para perpetuar la explotación de unas personas por otras. Colaboro con el CCCB

La autoayuda predica que la mala suerte no existe; algo que adivinaron los rebeldes, desde Espartaco hasta los alternativos en la era digital. Para el rebelde, el destino sólo era el resultado de un sistema injusto. Si te resignabas a tu suerte, aceptabas esas reglas que te explotaban y los que mandaban seguían disfrutando de su buena suerte tramposa. Ahora la autoayuda cuestiona la coartada de la suerte, pero cargando la responsabilidad no sobre la injusticia del sistema sino sobre cada individuo y vendiéndole libros de paso. Marzano deconstruye e iguala el lenguaje de la pornografía y la autoayuda: "Ambos se basan en fomentar la ilusión de libertad individual para enmascarar la explotación colectiva".

Vivimos el mejor momento para desenmascarar la impostura de los libros de management personal, autoayuda, coaching...

¿Por qué ahora?

Las crisis ponen en evidencia que si quieres no siempre puedes, porque, por mucho que quieras, no lograrás nada si antes no desvelamos que las reglas del juego de la economía son tramposas, producen desigualdad y nos penalizan a la mayoría.

No veo nada malo en autoayudarte.

Es perverso hacerte creer que todo lo que te sale mal es culpa tuya y debes mejorarlo y que, en cambio, las reglas del juego establecido por una minoría en su provecho no necesitan ninguna mejora.

Algunos de esos libros son divertidos.

Pero la ideología que los alimenta no: lleva a pensar, por ejemplo, que si hoy estás en el paro, es porque no deseaste el éxito lo suficiente ni te esforzaste. No sólo eres un perdedor y un fracasado sino que encima es culpa tuya y eso exculpa, de paso, a todos los demás responsables de tu paro.

Antes había perdedores simpáticos.

Hoy esa superchería del autocrecimiento lo impide: si eres un perdedor es porque también eres un vago que no se ha molestado en automejorarse. Antes el sistema era paternalista: había un amo del que emanaban en cada momento todas las órdenes que todos cumplían y si las cosas iban mal, también se preocupaba y ocupaba de los suyos...

Ya no quedan señoritos de esos.

Porque a partir del año 90 el capitalismo, para seguir creciendo, necesita nuevos empleados emprendedores, ya que las tecnologías de la información han dejado anticuada la estructura patriarcal. Ahora cada empleado debe ser capaz de tomar sus decisiones por la empresa y asumir sus consecuencias.

Gente que sepa mandarse a sí misma.

En la era digital, las empresas para ser productivas deben tener apariencia - sólo es una apariencia-horizontal: los amos y sus capataces ponen objetivos y los empleados los cumplen por los medios que quieran.

La célebre dirección por objetivos.

Es la ilusión de la autonomía personal cuando, en realidad, sus objetivos a menudo o son incumplibles o sólo se pueden cumplir si renuncias a todo lo que no sea trabajar. Los amos te dan toda la libertad para renunciar de la manera que quieras a tu propia libertad. Por lo menos, cuando imponían un horario, tu tiempo libre era tuyo.

Pero el trabajo produce satisfacción.

Esa es la trampa - envuelta en toda esa palabrería de autoayuda-de la felicidad por el trabajo. Sostiene que el trabajo es el único camino de la realización personal hacia la felicidad. De esta forma sólo puedes ser feliz haciendo ricos a los amos. Yya no te queda ser el pobre e inocente desgraciado, de antaño, ahora si no eres feliz, encima eres un indolente culpable de tu desgracia.

Trabajar antaño fue maldición bíblica.

Era el peaje del sustento. En la sociedad patriarcal era el fatigoso pero inevitable modo de mantener a la familia: hoy la economía necesita más implicación personal: exige ejecutivos autoconvencidos que renuncian a la familia y amigos para invertir todas sus horas en la empresa, lo que les convierte - creen los muy alienados-en superhombres y supermujeres felices y admirados.

Eso si la empresa funciona...

Es la otra paradoja: se te hace creer que todo depende sólo de ti, pero, a la hora de la verdad, todo depende de los resultados de tu empresa que a su vez pueden tambalearse, como ahora, por una crisis financiera que comenzó a miles de kilómetros por culpa de quienes sí deciden y ponen las reglas.

Tampoco podíamos crecer siempre.

El crecimiento tiene límites, pero el éxito ilimitado que promete la filosofía de la autoayuda necesita de la ilusión de que eres tú solo quien pone los límites, como si el planeta no los tuviera. Cuando tú puedes permitirte tres coches y dos piscinas, pero el planeta y su atmósfera, no.

A veces, crecer es ser más pequeñito.

Sí, menos mal que hemos "fracasado" en conseguir todos nuestros objetivos y aún podemos salvar lo que queda de la Tierra.

Aquí aún estarían enladrillando playas.

Esa lógica de la autoayuda propicia, en crisis, enormes cantidades de sentimiento de culpa, que a su vez se transforma en depresiones. En Argentina y Francia, el psicoanálisis es una religión y de su sacramento, los antidepresivos, argentinos y franceses son los mayores consumidores del mundo.

¿Por qué?

Precisamente porque son países con egos enormes educados en la fe ilimitada en la propia capacidad de control de uno mismo y de su destino, al que se considera mero resultado de las decisiones tomadas a lo largo de la vida. Las terapias breves, la PNL y otras técnicas alimentan esa ficción de control ilimitado, que no es más que la ilusión infantil de omnipotencia.

Y resulta que la suerte también existe.

Llámele suerte, destino, imponderables, lo que quiera, pero se trata de la madura aceptación de que una parte de lo que nos sucede - por ejemplo, esta crisis financiera-no depende exclusivamente de nosotros.

Pero sí nuestra actitud ante ella.

Veo que ha leído mucha autoayuda.

He entrevistado a un montón de gurús.

Léalos, pero a veces es mejor fracasar. Fracase, hombre: no sé si será más feliz, pero seguro que vive más tranquilo.


Os adjunto un video en el que Marzano presenta su libro: “Extension du domaine de la manipulation”

14 comentarios:

Enrique Sacanell dijo...

Evidentemente dentro de la categoria de "autoayuda" hay de todo, incluida palabrería vacía.
Sin embargo, me temo que Marzano generaliza su crítica de forma indiscriminada. Algo que no comparto. Por ejemplo, me asombra que incluya la PNL en esta categoría.
Por otra parte, atribuye a unos y otros algunos argumentos que facilitan su crítica pero que no responden con rigor a los puntos de vista de esos autores. Por ejemplo, su uso del concepto de culpa se aleja mucho del de responsabilidad que puede encontrarse en autores que se suelen clasificar en esta categoria. Que a la terapia breve o la PNL les atribuya el fomento de la ficción del control ilimitado me parece pasmoso.
Finalmente, yo no diría que lo mejor es fracasar (¿es lo que espera Marzano de su libro y de su carrera progfesional?) sino asumir las decisiones que consideras coherentes contigo mismo. Si esas decisiones te llevan a fracasar seguro que aprenderás mucho de ello.

Juan Palacios dijo...

Hola Enrique,

Mi gratitud por tu comentario.

Pienso que son muy acertadas y pertinentes tus puntualizaciones y reflexiones.

Versos y sonrisas para ti.

Juan.

Yoriento dijo...

Hola Enrique y Juan,

¿Acaso las técnicas son intocables? En la "terapia breve" hay mucho de retórica sofística. Ay, el mundo del coaching y sus endogamias. :-)

http://yoriento.com/2009/05/la-autoayuda-no-ayuda-522.html

Juan Palacios dijo...

Hola Alfonso,

Tu mala suerte es culpa tuya, porque EL COACHING es perfecto ;-)

Gracias por pasarte por aquí.

Versos y sonrisas también para ti.

Juan.

Maite Darceles dijo...

Muy interesante. Gracias, Juan, por traerlo, gracias a Michela, por su valor y trabajo, gracias, Enrique y Alfonso, por vuestras opiniones y matices.
En mi opinión, este tipo de escritos que pretenden abrir nuevas formas de comprensión de la realidad, permitirnos otra manera de ver, que no nos dejemos llevar por lo que creemos evidente... no deben ser entendidos en su literalidad, sino desde la potencia de las ventanas que abren esas otras miradas.
Comparto la idea de que "si quieres no siempre puedes, porque, por mucho que quieras, no lograrás nada si antes no desvelamos que las reglas del juego de la economía son tramposas, producen desigualdad y nos penalizan a la mayoría".Creo que hay mucho que hacer, que mejorar en el mundo de las organizaciones, del trabajo, del sistema productivo (no creo que debamos resignarnos, sin más, aunque a veces, habrá que admitir el fracaso), y creo que este tipo de planteamientos nos pueden ayudar a enriquecer nuestro criterio, a discernir caminos de avance de simples barnices, y lo que es peor, de formas más sofisticadas de explotación...
Por cierto, ayer leía -gracias a Alfonso Vázquez- una ponencia de Ellerman dada en UM en 2001 que tiene cierta relación con estos temas, la he colgado en mi wiki.
Un fuerte abrazo a los tres,
Maite

Mercedes HVdP dijo...

Hola Juan, buenos días:

Llego a tu espacio a través de Maite, a quien aprovecho, con tu permiso, para saludar y agradecerle haberme traído hasta aquí.

Tal y como expresé en mi blog (coincidiendo contigo en la publicación de la misma entrada), y en el de Alfonso, y bastante en línea con el comentario de Maite, no se puede meter todo en el mismo saco y dependerá de la utilización que le demos (incluído el coaching, la PNL, etc.).

Si nos quedamos parados soñando "positivamente", sin aceptar nuestra realidad y ensoñando lo que nos gustaría que fuera ... pues quizás dentro de mil años, con suerte y siendo "positivos", esos sueños podrían llegar a materializarse.

Si nos convertimos en actores activos, sacando las oportunidades que cada situación nos presenta, sí, creo en el pensamiento positivo.

Soy de las que piensa que un éxito mal llevado puede acarrear muchos fracasos y que un fracaso, bien analizado, es clave para éxitos futuros.

Muchas gracias por la posibilidad de comentarios (y mis disculpas si me he alargado demasiado en el mío).

Un saludo y que tengáis un excelente fin de semana :)

emmain dijo...

El post en mi blog donde te linkeo incluye mi opinión sobre la Marzano. En la búsqueda he tenido un doble hallazgo, la filósofa y tu y tu tribu. Os seguiré:
El otro día me impresionó La Contra de la Vanguardia (Lunes 11 de mayo 2009) con su entrevista a una tipa Michela Marzano colaboradora en el CCCB e investigadora en Francia, creo que hace una reflexión muy interesante con respecto a la perversidad subyacente a los libros de autoayuda. No puedo aceptar en su totalidad la afirmación de que los llamados libros de crecimiento personal sean absolutamente equiparables a la pornografía y que tengan como único fin la creación "de una ilusión de libertad individual para enmarscarar la explotación colectiva". Un poquito más allá sería reconocer tales textos (tan intrínsecamente yankies) como el sutil exsudado de la concepción liberal postprotestante. Una actualización capitalista del velo de Maya propiciado por esos pocos que lo pueden todo.
Creo que los libros de autoayuda (obviamente hay de muchas clases y de muchas calidades) son muy útiles para salir de la pasividad y del borreguismo que una sociedad patriarcal o determinista promueven. Que la clase, la raza, el género, la nacionalidad, la religión, o los ancestros, determinen quien eres y te enmarquen en un estrecho redil no es lo más deseable. Aunque a veces haya sido lo más cómodo. La secularización de la sociedad no implica necesariamente su libertad si cambia los límites de las religiones por su propios límites, si se cae dentro del "no puedismo".
Los buenos libros de autoayuda han podido servir para ampliar la mirada más allá de los postes horizontales que recluyen el día a día, a veces los frenos están en la propia manera de pensar y eso te lo enseñan algunos libros de autoayuda. Que la culpa -ese concepto infiltrado en nuestras consciencias como elemento de control y sufrimiento- la tengan los otros nos parece lo más común, de hecho ahora se la podemos atribuir a los libros de autoayuda- "Los libros de autoayuda como las principales herramientas de la explotación"- Si y no.
Un buen libro consultado con el ánimo de desempañar la mirada, puede permitirte el trueque de la culpa por la responsabilidad, del victimismo por la acción, del "yo tengo la razón absoluta" a la razón es un pez resbaladizo que se escapa de las manos del que se jacta de poseerla. Cuando uno invierte algo de tiempo y energía en leer un libro de autoayuda, en principio, es consciente de que le queda algo que aprender y se implica activamente en adquirir lo que le falta.
Creo que lo que más me ha gustado de la mirada de la Marzano es que la crítica que hace de los libros de autoayuda no la hace desde el convencional desprecio que los censura con soberbia, atribuyendo a sus lectores una vergonzante debilidad.
Agradezco el pastel, pero me como solo un trozo gracias.
Para leer la entrevista entera y descubrir un blogger interesante:
palaciosgil.blogspot.com/2009/05/tu-mala-suerte-es-culpa-tuya-porque-el.html

Alfonso Vázquez dijo...

En mi humilde opinión, el problema no son los libros de autoayuda, aunque a mí no me gusten por, generalmente, simplistas. Considero que cada cuál tiene todo el derecho del mundo a acudir al diván del psicoanalista, a terapias de grupo, a la consulta del psiquiatra, a sesiones con su gurú preferido, o a leer lo que más le apetezca...
El problema es que, con un enfoque “comercial” bastante oportunista, la gran mayoría de los libros de autoayuda se ofertan para “aprender a adaptarse” a las duras condiciones de las estructuras empresariales, organizacionales, políticas y vitales realmente existentes. Y esta “filosofía” me parece brutalmente negativa, generadora, precisamente, de una espiral sin fin de frustración, de dosis de Prozac, y de más autoayuda...
Sin confrontarnos decididamente, política, sociológica y filosóficamente, al hecho de que son las estructuras de propiedad, poder y organización, en su tratamiento del trabajo –y del trabajador, y, por tanto de la persona- las que, inevitablemente, generan la disociación del ser desde su plenitud a su dependencia casi esclavista, ya podemos seguir habilitando divanes, que lo tenemos claro...
Y la entrevista me ha gustado mucho, abrazos

Juan Palacios dijo...

Hola Maite,

Gracias por pasarte por aquí y por dejar tus siempre interesantes, lúcidos y cálidos comentarios.

Un abrazo de corazón para ti.

Juan.

Juan Palacios dijo...

Hola Mercedes,

Mi gratitud por acercarte hasta aquí y por dejar tus reflexiones.

Pásate cuando quieras, serás bienvenida.

Versos y abrazos para ti.

Juan.

Juan Palacios dijo...

Hola emmain,

Mi agradecimiento por pasarte por aquí y por dejar tus apreciaciones.

Espero que puedas encontrar otros pasteles que puedan deleitar tus sentidos.

Un cálido abrazo para ti.

Juan.

Juan Palacios dijo...

Hola Alfonso,

Mi gratitud, por recalar, otra vez, en este puerto, con tus humildes opiniones.

A mí me sucedió que, después de confrontar política, sociológica y filosóficamente las estructuras de propiedad, de poder y de organización, me di cuenta de que solo me confrontaba con mis propios fantasmas, cayendo en el mayor de los esclavismos y en la más grande de las servidumbres: querer transformar a los otros, como mecanismo defensivo, para no afrontar el miedo y el dolor de enfrentarme a mi propia autoconfrontación.

Eduardo Galeano lo dice de forma más poética:

Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.

Un fuerte abrazo de corazón para ti.

Juan.

Alfonso Vázquez dijo...

En algún lugar escribí algo así: "La objetividad no es más que la subjetividad de quienes tienen poder para declararla objetiva"
Un abrazo fuerte

Anónimo dijo...

Siempre podemos cambiar el sistema que no nos gusta (el universo exterior), creándo nuestro propio sistema (universo, micromundo, realidad), y expandirlo a nivel mundial. De esta forma otros podrán entrar en él, y entre todos crearemos un mundo mejor. Yo estoy trabajando en ello cada día.

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